
En uno de los partidos más dignos de la temporada, ante un Valencia acongojado y al contragolpe, el Sevilla enseñó los dientes durante los primeros minutos pero terminó mellado. Finalmente los de Unai Emery avanzan en la competición copera gracias al valor doble de los goles. Se agota el crédito de un Marcelino incapaz de solventar los problemas defensivos que azotan a este equipo, algo que se viene repitiendo desde tiempo inmemorial. Tarde en los cambios, el técnico sólo reaccionó cuando ya se encontraba a remolque en el marcador. El Sevilla busca soluciones en este mercado de invierno ignorando que lo que realmente necesita es muy difícil de fichar: garra, amor propio e intensidad. La temporada que resta se presenta movida en Nervión, cuando lo extradeportivo inunda la actualidad de un equipo de fútbol es sencillo predecir como acaba todo. Ayer se vivía otro capítulo de esos que ayudan poco a enderezar el rumbo con Emir Spahic y un grupo de aficionados.
El propio presidente del Sevilla abogaba por que la noche de ayer serviría como punto de inflexión. Como ya apuntábamos en la entrada anterior, lo realmente interesante es saber hacia dónde se dirige este club y qué dirección está tomando dicho punto de inflexión. Preocupante.















































































